Chinaski y yo





Quizá sea fácil entendernos cuando, previamente, cada decisión tomada cayó en la simpleza, y en la lineal existencia humana. Otras veces estamos los nadie. 

Los nadie, eso somos, de todo y a la vez nada. Absorbidos en y por los caminos y las experiencias; embarrados de los excesos y las inseguridades; estructurados en la duda extrema; en no conocer el ser. Constante análisis y búsqueda de resultados.  Vamos por ahí, solo eso, creyendo que hacemos las cosas distintas a los “humanos comunes y corrientes”, saliéndonos de esa cuadrícula y existiendo de otro modo. Aunque así sea, convergemos en el mismo punto: somos humanos. Como pasatiempos preferidos tenemos: cuestionar, reprochar, olvidar, reprimir, ocultar; nos auto-destruimos y destruimos. Engañamos, odiamos, amamos; confundimos. Pasa de todo, de diversas formas, maquillado como se quiera, en el orden que a cada uno se le acomode; en una intensidad dispar. A todos nos pasa.


Por las calles largas desplomadas en basura; los antros de mala muerte donde abunda lo mundano; los claustros refinados, apestados de bandidos y armas de doble filo; hasta en la serena y espléndida noche, soy alguien tan humano que…no importa decirlo. No tengo un fin, realmente, solo me gusta hundirme. Llámese sadismo o perversión, como quede mejor, nada le arrebata el distintivo tinte de complejidad que rellena los espacios vacíos en mi mente.

Chinaski lo entiende mejor que yo. Mendigo viejo poeta que por 14 años me ha brindado su compañía. Y lo curioso concluye en que, por sobrellevar cualquier emoción, sentimiento, acción, la existencia misma, con murria, caos, vacilación, de manera aleatoria; creyéndome el filme perfecto donde lo tengo todo bajo control y sé lo que hago, creer que toda esa basura me hace singular…disfruto mi ingenuidad, es una de las pocas cosas que me ha llegado a hacer feliz.

Y me paseo por los pasillos. Bebo uno, dos, puede que siete tragos o dos botellas de Ron barato, acompañado de mi postre favorito, o creo que es mi favorito. Amargo, rudo, claro y lleno de químico. Enciendo un cigarrillo y me siento a esperar que la vida allá afuera se detenga. Reaccionando volátilmente; reunión de hechos fortuitos. Tan impredecible aunque predecible al mismo tiempo. Llena de máscaras—todos tenemos—, bañadas en ego y altivez. Voy adueñándome de todo convenciéndome de que lo hago por mí. Curioso, curioso. Eso es lo primero que hago, me vendo las ideas y justificaciones, me persuado, ¿y para qué? Supongo que da igual, desde un principio estuve rota, fui insuficiente. Hago lo que me salga de donde me salga por simple impulso. Porque sí. No hay que ahondar en los motivos. Me voy hundiendo poco a poco en esta marea bohemia llena de sufrimiento vano. 

Suelo darme mucho palo. Me gusta…sí, me gusta.

Al final de la introspección, me seduce destruirme y reconstruirme con lo que quede. Y cómo sería si tuviese los años del viejo Chinaski...seguramente para esa edad mi cordura ya habría desaparecido, como ahora pasa. Siento que se me va. Lo disfruto. Veo todo con ojos de loco. Y estoy loca. Y disfruto mi desconexión, siendo espuma que se esparce por ahí, donde sea o no feliz.

El peor error es el que no se comete. Y los que faltan. 

Por el ahora, solo me relajo en la intranquilidad. El “entendernos” se convierte en un auto fusilamiento, porque nos preguntamos el porqué, mas no el cómo, o el cuándo o el con quién; o sencillamente no preguntarnos. Siempre buscando razones...agota.

Y en cuanto al amor, naturaleza humana, bueno, callo y comprendo. La utopía en cualquier aspecto es idealista. Creo que no está mal, cada uno con sus anhelos. Y sin embargo, es algo que no entiendo. Suelo meter el corazón y la cabeza donde no es. O tal vez sí. Quién sabe. Soy una buena compañía, o eso me han dicho. Esa y otras formas de mandar al carajo un sentimiento por la no correspondencia. No pienso en eso. Pienso mucho en eso, honestamente. 

Absorta quedo; sola también. 

Qué mas da. Puedo buscar otro monólogo.

Se queda conmigo ese monólogo.

Parece que el realismo y existencialismo puro en algo humano es llegar al fondo y cerrar el cruce de puentes. 

Al igual que todo en este trayecto tanto biológico como mental; es incierto. Y no hay esfera más incierta que el amor. 

Si me preguntan, aún creo en eso, y no se ve como lo dibuja el discurso general sobre el romanticismo y las uniones entre humanos. Es algo cerca al individuo. Puro, distinto, propio de..., es un enganche, un vínculo, ese "algo" impenetrable que penetra en las profundidades del alma. Y más que físico, es mental, energético, intangible, invisible, indescriptible. Es ilusorio, lo es, el ser humano lo es. 

El amor ya no importa; ese es el precio de esta supuesta libertad individual en la que vivimos. Libres encerrados en jaulas hermosas llenas de desechos y suciedad. Y está bien, no discrepo, tengo momentos donde la constancia es ausente y las ganas esporádicas dependiendo el momento que atraviese. No se ha perdido todo, si es que puedo hablar de pérdidas, simplemente se transforma, muta. El humano y la existencia “se hace un Kafka”, y se posterga el sentir, al menos dentro de ese perímetro. 

Son las decisiones que tomo; que se toman. Y a pesar de caer en lo más bajo o ir por lo mas alto, ser consiente de una regla básica me sirve de supuesta guía: cada acción genera una reacción; causa - efecto/ consecuencia; la añorada dualidad de las cosas. Pequeños matices que se encuentran de vez en cuando; tesoros personales. 

Puede que sea evidente comprenderse, que seamos básicos, o lo que sea, pero ¿para qué? No es urgente saberlo todo, y naturalmente no se sabrá la totalidad del conocimiento, además, es evidente que nadie podrá conocerse absolutamente, siquiera un poco. Se puede tener idea de algo, aunque eso esté modificándose sin dar cuenta. Mucho menos comprenderse del todo puede funcionar. Habrá momentos, sí, pero después de un fin de semana de excesos y notar que nada funcionó, no queda otra cosa que saltar al vacío y hacer que esta vida valga la pena. Eso prima por encima del narcisismo. El autosugestionarse y encerrarse tanto en uno mismo es un reflejo claro del complejo narciso, y la verdad es que no se es tan interesante el tiempo completo. Salir, interactuar, conocer, sentir, hacer sentir, vivir, existir, puede que cautive más que sumergirse en la propia mente cada hora del día. 



Sin más, eso pienso para controlarme. 



Ojalá fuese tan sencillo de llevar a cabo.

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